Cada tarde intento buscar en tu cándida mirada, el fragmento indivisible de aquel universo de vida. Mistura de ternura y amor, como los versos del alma en los labios de un poeta. Tal vez estés ahí, muy cerca, de aquella imaginación soñolienta que noche a noche, intensamente dibuja tu figura en el firmamento, con cada estrella que nombro para ti. O no, quizás te encuentres en la memoria de aquel poema que tus labios cada instante susurran con gran pasión.
Aquella tarde, precisamente a las 6:30, solo un minúsculo lapso de tiempo nos separaba de la gélida noche, cuando de repente se vio en el sombrío cielo, los rayos de sol que desprendían tus ojos, pintados de matizados colores. Y al caminar hacia la ventana una brisa tenue y cálida, rosó mi rostro, fue ahí que descubrí, que estabas cerca, muy cerca de estos versos que hoy te escribo.
Desde ese entonces, sólo trato de correr a mi ventana, siempre a la misma hora, esperando esa luz que desprenden tus ojos y ese céfiro que me llena de vida. Pero, en esta noche de quietud emocional, acompañado de un papel y de una pluma, te escribo esta pequeña epístola, para que tus labios se encarguen de darme vida a través de ella.
Aquel momento en que termine este escrito, tal vez ya no sea hoy, o sí, pero no olvides que empecé ayer, exactamente, cuando tú me despertaste de aquel sosiego profundo, que me envolvía en una ilusión, que paulatinamente se fue haciendo un sueño, quien sabe más adelante pueda hacerse realidad. Pero, ten en cuenta que habrá dos tiempos, uno, el que viví al inicio de este escrito y el otro, que quiero vivirlo cuando lo termine, tal vez ese sea la realidad que espero.
Pero no olvides esto mujer, CADA TARDE ESTARÉ EN MI VENTANA, esperando tu llegada, en esos rayos y en la brisa que rosa mi rostro. Tal vez así, pueda ser feliz…aunque sólo te sienta en lo intangible.
WESLEY
03/11/10
01:43 AM